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Una casa que ayuda a reinsertarse luego de una internación psiquiátrica

Es para quienes, tras el alta, no están en condiciones de reintegrarse inmediatamente a sus actividades

Imagen de prensa de La CasaPor Fabiola Czubaj | LA NACION

En una típica casa de barrio, luminosa y de amplios ambientes, ubicada en una de esas calles anchas y tranquilas que aún conserva Palermo, un grupo reducido de personas con algún trastorno psicológico controlable intenta recuperar habilidades perdidas para retomar su vida habitual.

Depresión posparto, sensación constante de soledad, fracasos reiterados, estrés grave o adicciones que superaron la etapa de abstinencia están entre las alteraciones que se tratan en el primer centro “de medio camino”, como se denomina este modelo en otros países.

“Las casas de este tipo reciben a pacientes que estuvieron internados en algún centro de salud por un trastorno psiquiátrico agudo y que por alguna razón todavía no pueden volver a su hogar o retomar las relaciones sociales previas a esa internación”, explicó a LA NACION la licenciada en psicología Virginia Martínez, codirectora del hostal La Casa ( www.hostal-lacasa.com.ar ).

Mariana, actriz y directora de arte escénico de 25 años, llegó al hostal después de una internación psiquiátrica por trastorno bipolar. “Estuve tres semanas alojada día y noche por indicación de mi psiquiatra y me ayudó a organizar la vida de otra manera, aprender que existen otros patrones de conducta adecuados que se pueden seguir y saber reconocer una crisis”, explicó.

El equipo de La Casa trabajó con su médico de cabecera y la primera semana dispusieron que ella no podía salir sola, sino con un acompañante terapéutico; la segunda semana lo pudo hacer sola, con horarios, y la tercera ya lo hizo sola para hacer sus actividades.

Todos los pacientes concurren al hostal de manera voluntaria o aceptan hacerlo cuando llegan acompañados por un familiar o por sugerencia del terapeuta que los trata. “No hablamos de internación, sino de alojamiento, porque no están con un régimen similar al de los centros psiquiátricos; son casas de puertas abiertas y dan su consetimiento -precisó Martínez-. La idea es que pueda vivir, si quiere, en la casa y haga distintas actividades en el hostal dirigidas por el equipo profesional o fuera de la casa, si puede restablecer lazos anteriores.”

A veces, es continuar el estudio o el trabajo, o evitar que lo pierdan por el trastorno que padecen. Los resultados dependerán de cada patología. “Hay algunas que son altamente recuperables con sólo transitar un período en una casa como ésta, pero hay otros trastornos más complejos. Es estos casos, los profesionales tratarán de que la persona recupere la mayor cantidad de capacidades afectadas”, comentó la psiquiatra Patricia Dotta, codirectora del hostal.

Es el caso de María Belén, de 27 años, que pudo retomar el CBC en la Universidad de Buenos Aires para cumplir con su objetivo de estudiar arquitectura. “Estuve un mes y medio en el régimen de hostal, con salidas y visitas -contó a LA NACION-. Ahora, por decisión propia, sigo yendo al centro de día. Al principio, no sabía si daba para estar ahí, pero me sirvió un montón. Es muy distinto a estar internada; sentí que los que estábamos ahí no nos estábamos mirando para ver cuán locos estamos, sino cuán humanos somos.”

María Belén sufre de trastorno de personalidad. Tenía dificultad para empezar y terminar actividades, organizar sus horarios y no olvidarse de sus obligaciones. “Empecé veinte mil carreras y dejé siempre -recordó-. Cuanto curso empezaba, lo dejaba; pasé por las drogas muy jovencita y viví situaciones familiares muy complicadas con mi mamá. No sabía qué era levantarme temprano porque no sabía qué era poner el despertador ni lo podía hacer. Pueden parecer cosas muy simples para otros, pero para mí eran imposibles y, cuando no me salían, me angustiaba muchísimo.”

Para ella, aprender a organizarse fue un volver a nacer. “Hace un mes descubrí qué son las mañanas y que hay otro mundo… Sólo ahora estoy empezando a ir al CBC y a leer.” Ella concurre 3 o 4 veces por semana a La Casa y asegura que los talleres le permitieron comprender qué es empezar y terminar algo.

Los diagnósticos más frecuentes con los que llegan los pacientes son la depresión por aislamiento, soledad o fracasos reiterados; las crisis críticas de esquizofrenia; la disfuncionalidad; los trastornos graves de la personalidad y el estrés grave, que altera alguna capacidad. “A veces son personas que no pueden estructurar las actividades cotidianas más simples y terminan no levantándose de la cama o no cumpliendo con la medicación, lo que agrava alguna de las características patológicas”, dijo Martínez.

Durante la semana, se entrena a los pacientes a recuperar la capacidad de tener en cuenta los horarios, cumplir con las obligaciones convenidas o realizar las actividades previstas, dado que la pérdida progresiva de esas capacidades influyen en el estado anímico o una complicación en la relación familiar o social.

Para eso, todos los profesionales que trabajan en La Casa, incluida el ama de llaves, son especialistas o estudiantes avanzados de las carreras de salud mental. Esto, según explicaron las responsables de este nuevo modelo de atención de la salud mental, es una estrategia muy útil que permite la escucha permanente de lo que le piensa, quiere manifestar o le sucede a cada paciente.

“Se dan casos de pacientes que luego de estar alojados una temporada tienen La Casa como una referencia importante y, por ejemplo, se acercan a tomar mate, a compartir una actividad o a conversar con alguno de los profesionales como una forma de refugio o reaseguro de no perder lo logrado hasta ese momento”, señaló Dotta.

Aunque el paciente que llega al hostal tenga un médico de cabecera, el equipo del hostal realiza un nuevo diagnóstico para asegurarse de que reúne los requisitos para alojarse en un hostal de medio camino. “No puede estar nunca en medio de un brote o una crisis de la enfermedad, sufrir síndrome de abstinencia por una adicción o que pueda provocar agresiones difíciles de controlar ni que la depresión sea de riesgo para su vida porque no son casas de cuidados de alto riesgo”, precisó Martínez.

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