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Trastorno Bipolar: el estado de ánimo como montaña rusa

Abordaje

De la depresión a la fase maníaca, el trastorno bipolar no siempre es fácil de dignosticar, pero logrado ese objetivo, puede controlarse adecuadamente.

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Por Dra. Patricia Dotta | CLARIN

Habrán sentido alguna vez que su estado de ánimo está como incontrolable. Qué puede estar pasando cuando estamos tristes y alicaídos, sin ganas ni fuerzas, y de pronto, sentimos que podemos con todo, más y mejor, hasta que volvemos a sentir que no podemos casi nada.

Quizá sólo sean los vaivenes de la adaptación a la post modernidad, donde tenemos que cumplir de manera permanente con las exigencias de la época, donde nos cansamos y recuperamos sin mayores reflexiones, pero, quizás, en realidad estemos padeciendo algún tipo de trastorno que requiera mayor atención y cuidado.

Dentro de los trastornos del ánimo podemos encontrar el Trastorno Bipolar, que se caracteriza por presentar un extremo clínico depresivo, en contraposición a otro, denominado maníaco o eufórico.

Tiene un sustrato biológico reconocido, aunque no del todo identificado; se ha comprobado que existe una fuerte incidencia familiar en su manifestación, pero aún hay mucho que investigar al respecto.

Su tasa de incidencia es de alrededor del 6% de la población mundial; no distingue género, y suele manifestarse en la edad adulta, aunque puede haber indicios en edades más jóvenes.

Los síntomas dependerán del episodio que presente el paciente en un momento determinado. En la fase depresiva, estos pacientes suelen presentarse angustiados, con ideas de culpa, ruina,   autorreproches y hasta suicidas, en los casos más graves. Inhibidos para la realización de tareas cotidianas, suelen acompañarse de trastornos del apetito, ya sea aumento o disminución, y del sueño. Pueden hasta estar indiferentes al entorno que los rodea, ya que su padecer los hace ensimismarse y perder entusiasmo por las actividades que antes los convocaban.

El otro extremo

En los episodios maníacos o hipomaníacos, los pacientes suelen sentirse llenos de una energía desbordante; generalmente presentan insomnio y son capaces de desempeñar tareas a un ritmo difícil de seguir para sus allegados.

En los casos más graves, se acompañan de ideación delirante, especialmente de tipo megalómano y paranoide, y hasta de trastornos alucinatorios. Suelen cometer excesos, de los cuales posteriormente suelen arrepentirse, como gastar excesivamente o tener conductas sociales inapropiadas.

La buena noticia es que si bien aún no existe una cura definitiva, es una enfermedad que bien tratada permite tener una excelente calidad de vida, ya que a diferencia de otros, este trastorno no genera un deterioro evidente tras las primeras descompensaciones.

El tratamiento farmacológico está fundamentado en el empleo de drogas llamadas antirrecurrenciales, que resultan especialmente eficaces en la prevención y tratamiento de las oscilaciones del humor.

Según la fase que esté cursando el paciente, pueden acompañarse de otras medicaciones. Resulta evidente que, en la medida en que se sostenga un tratamiento adecuado para cada caso, los riesgos de recurrencia disminuyen, por lo que se evitan los costos emocionales y económicos que las descompensaciones de estos cuadros conllevan.

La psicoterapia cognitivo-conductual es un excelente y casi indispensable elemento para los tratamientos eficaces.

Los grupos de apoyo para pacientes y familiares, donde se aprende a reconocer la sintomatología y a prevenir las descompensaciones graves son el tercer elemento fundamental a tener en cuenta a la hora de indicar un tratamiento específico. Ellos son parte del tratamiento y, a la vez, necesitan recibir la contención necesaria.

Estos pacientes presentan la particularidad de ser especialmente seductores y agradables al comienzo de la fase de euforia, por lo que es frecuente que al principio no se identifique esta etapa como patológica.

Lo difícil, es que en algunos casos pueden llegar a desencadenarse verdaderos episodios de riesgo, para ellos o terceros, que llegan a requerir su internación.

La fase depresiva también puede llegar a requerirla, especialmente ante la presencia de ideas de suicidio; por lo tanto, los familiares y allegados de estos pacientes deben entrenarse para la detección de cambios sutiles en los estados de ánimo, a fin de alertar al profesional al que se consulte, y acompañar al paciente en la toma de conciencia de enfermedad necesaria para encarar un tratamiento adecuado.

El diagnóstico puede ser diffícil, ya que los episodios hipomaníacos suelen vivirse como “períodos de normalidad”, cuando se están recuperando de la depresión, y tienden a desestimarse, postergando la consulta.

Una buena evaluación clínica, la detección de antecedentes familiares, y el logro de una adecuada adherencia terapéutica, favorecen un diagnóstico acertado y la posibilidad de un tratamiento eficaz a largo plazo.

La doctora Patricia Dotta es psiquiatra especialista en pacientes graves.Co-directora de La Casa, Hostal de Medio Camino.

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