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El impacto de la crisis en el estado de ánimo

Según cómo se mire

En España, aumentó la consulta terapéutica y en la Argentina, es muy alto el consumo mensual de psicofármacos. Una actitud positiva, la mejor manera de transitar tiempos difíciles

Por Lic. Virginia Martínez | CLARIN 

Así como puede parecer que los argentinos estamos acostumbrados a vivir en climas de economías difíciles, independientemente del gobierno de turno, desde hace un par de años también los europeos afrontan una crisis económica que ya deja ver sus efectos en el estado de ánimo de sus habitantes.

Cuando hablamos de crisis económicas a lo largo de la historia, vemos que tanto los diarios como las radios y emisoras de televisión, suelen ser portavoces de los detalles de cada crisis económica y de la ola de comentarios y opiniones que se generan  por ellas. Todos “hablamos” sobre economía.

La mente y las conversaciones se saturan de temas de economía y sus pronósticos alarmantes: la inflación, el dólar, la desocupación, entre otros.

Y, sin duda, esta situación causa efecto en la situación anímica, algunos más  reconocibles que otros. Entre otros, los siguientes:

•    Ansiedad

•     Insomnio

•    Sensación de desamparo

•    Estrés

•    Irritabilidad

•    Somatizaciones

•    Depresión

•    Problemas conyugales

Un estudio realizado en el Hospital La Paz de Madrid señala que, entre 2007 y 2009, aumentó un 50% el número de consultas psiquiátricas.
Hay una nueva población consultante compuesta tanto por empleados como por empleadores,  ya que estos últimos se saben responsables de quienes trabajan con ellos y saben que con sus decisiones afectarán a muchas familias.

En Argentina, uno de los hechos que  muestra el efecto de las preocupaciones por la economía, entre otros, es el uso de psicofármacos: se venden 1.200.000 unidades de tranquilizantes por mes y unos 450.000 antidepresivos.

El segmento de estos últimos viene creciendo en los últimos años. A partir de 2004, la cantidad de píldoras vendidas creció un 14%, según cifras de la Confederación Farmacéutica Argentina.

Desde el estallido de 2001 (y. sobre todo, en 2003 y 2004), las ventas de psicofármacos se multiplicaron.

La incertidumbre, el miedo y la inseguridad son efectos que se toleran poco. Y son responsables de la aparición de síntomas como los ya mencionados si se sostienen a lo largo del tiempo.

Nada más difícil de contrarrestar que una dosis sostenida de pensamientos catastróficos y negativos sobre el presente y el futuro.

La toxicidad de estos estados va minando incluso el sistema inmunológico, y pueden aparecer síntomas físicos y enfermedades  si no se cuenta con recursos que ayuden a sostenerse en equilibrio durante tiempos complejos.

Qué hacer

Cuando estamos bajo los efectos de situaciones que no dependen estrictamente de nosotros, solemos sentirnos más presionados y desolados.

Como si otro nos manipulara en nuestros sentimientos, generando ansiedad, dejándonos inermes y sin salidas o soluciones.

Pero hay algunas maneras positivas de reaccionar durante épocas de crisis, como las siguientes.

•    Intentando ser plenamente conscientes de la situación que estamos atravesando, sin alarmarnos por demás ni dramatizar: saber qué sucede exactamente para poder intervenir.

•    Tener una actitud positiva: pensar que podemos hacer algo aun cuando en este momento sólo puedo esperar. Este tipo de pensamientos predispone a accionar más equilibradamente.

•    Elaborar un plan para enfrentar la situación: poder intervenir en la circunstancia hace que el temor disminuya y que uno pueda sentirse partícipe del cambio.

•    No estar buscando culpables y despotricar contra otros porque eso nos vuelve al problema de manera poco eficaz en lugar de darnos una mayor sensación de control sobre la circunstancia.

•    Buscar estímulos positivos: conectarnos con las cosas y personas que nos hacen bien.

•    Compartir con otros: saber que compartimos una circunstancia nos ayuda a sobrellevarla.

•    Hacer actividades que nos den satisfacción para paliar los dolores del tiempo de crisis.

•    Comprender que el estrés y la ansiedad son normales cuando estamos sobrellevando una crisis. Son afectos esperables que tienen su utilidad neuronal ya que -durante la situación- evitan males mayores, como daños físicos.

•    Actuar con la mayor tranquilidad y no tomar decisiones apresuradas: durante una crisis, asumir decisiones drásticas o de grandes consecuencias, sólo puede conducir a mayores dificultades. Analizar los factores previamente a la decisión es una buena práctica.

•    No caer en la desesperación ni pensar que hay soluciones mágicas.

Cuando estamos transitando épocas sostenidas de crisis, debemos ir ganando en seguridad, ya que necesitaremos estar bajo estrés por algún tiempo para poder prepararnos.

Si bien no es el mejor contexto, el organismo humano y la mente están preparados para transitar situaciones difíciles durante un lapso. Si ayudamos tratando de concebir las cosas sin dramatizar y teniendo como objetivo ganar control sobre la situación, podremos llegar más enteros al final del camino.

Así como la mente reacciona con angustia y ansiedad frente a los datos negativos de  la realidad externa y de la interna (los propios pensamientos), también responde saludablemente a los estímulos positivos: por eso es importante redefinir permanentemente estas situaciones difíciles de manera positiva, pensando las crisis como oportunidades.

La licenciada Virginia Martínez es psicóloga especialista en pacientes graves, co-directora de La Casa, Hostal de Medio Camino

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