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El 6% de la población mundial padece el hábito de acumular objetos

Acumuladores compulsivos

El 6% de la población mundial padece el hábito patológico de acumular objetos, generalmente inútiles, sin reconocerlo. Señales de alerta y tratamiento.

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Por Lic. Virginia Martínez | CLARIN 

Algunas personas tienen el hábito de acumular cosas de distinto tipo: papeles, objetos, diarios, viejos cuadernos, etc. Si bien muchos de nosotros podemos tener esta conducta, el exceso es lo que los diferencia.

Los acumuladores compulsivos tienen una forma de vinculación extrema con los objetos y por esto temen perderlos. A este sub-trastorno ligado al temor a la pérdida se lo llama disposofobia. Se caracteriza por el total abandono personal y social y por el aislamiento voluntario en el propio hogar, acompañados, en la mayoría de los casos, por la acumulación en él de grandes cantidades de dinero, objetos o desperdicios domésticos.

Siempre se ha considerado este trastorno dentro del espectro de los trastornos obsesivo-compulsivos. Pero una revisión de rasgos de este padecimiento comienza a ubicarlos en una categoría independiente de ellos, aun cuando comparten algunas características, como son la necesidad de control y la respuesta a la incertidumbre.

Como cada objeto acumulado es único e irremplazable, no pueden categorizarlos ni pensar en despojarse de ellos, más allá de la inutilidad que puedan tener. La convicción de que pueden necesitarlo alguna vez (aunque lo tengan sin uso desde hace años) y la sola idea de no tenerlo les genera angustia. Consideran esas pertenencias como parte de ellos mismos y, por eso, si alguien los toca o pretende quitárselos, se pueden poner violentos. Suelen ser sujetos francamente antisociales y no dejan entrar a nadie a sus casas porque temen que les roben o siquiera toquen sus pertenencias.

Existen dos elementos que originan la disposofobia, vinculados a los trastornos de ansiedad, especialmente a las obsesiones y compulsiones: el miedo y la inseguridad.

Este padecimiento es llamado también Síndrome de Diógenes, por la figura de Diógenes de Sinope, filósofo griego. Este nombre le fue dado en 1975, cuando se llevó a cabo el primer estudio científico al respecto. Sin embargo, la denominación conlleva un grado de error, ya que, en realidad, este filósofo adoptó y promulgó los ideales de privación e independencia de las necesidades materiales.

A quiénes afecta

El síndrome de acumulación compulsiva afecta a gente de cualquier sexo o edad y no distingue entre clases socio-económicas. No obstante, la mayor incidencia se da en adultos mayores, de alrededor de los 60 años, especialmente en personas que viven solas, aisladas y en el “destierro”.

También tiene una franja de comienzo entre los 20 y 30 años, y puede sostenerse toda la vida, empeorando progresivamente.

El dato curioso es que el 6% de la población mundial padece este trastorno y muy pocos lo reconocen como tal.

Síntomas del problema

1. Tienen temor de necesitar más adelante los objetos que acumulan.

2. Tienen un apego emocional a las cosas, como si fueran seres vivos: les da miedo regalarlas pues las sienten como sus mayores tesoros.

3. Son incapaces de tomar decisiones sobre lo que les sirve y lo que no.

4. Son antisociales: no quieren visitas.

5. Tiene problemas para organizarse.

6. Tienen hogares-museos y una vida caótica.

7. Presentan ciertas conductas irracionales.

8. Generalmente, buscan el perfeccionismo extremo.

9. Llegan a la violencia y/o angustia.

Tratamiento

Estudios neurológicos muestran que este padecimiento está relacionado con el neurotransmisor de la serotonina; tienen comprometidos los ganglios de la base del cerebro, que presentan una diferencia en el funcionamiento de la corteza frontal. Esto permite indicar el uso de antidepresivos, como en algunos trastornos obsesivo-compulsivos y anorexias nerviosas.
El abordaje es complejo, ya que son personas difíciles de diagnosticar y tratar dado que no reconocen su trastorno. Si embargo, la buena noticia es que además de la medicación, existen diferentes abordajes terapéuticos para lograr que la persona pueda “salir” de ese enclaustramiento para vivir una vida más social y con menos apego a los objetos.

No obstante, el reporte de los resultados en los tratamientos es bastante irregular: las terapias analíticas tiene poco éxito (y no hay demasiados registros de casos); las terapias cognitivo-conductuales muestran resultados disímiles aunque resultan las más eficaces.

En general, la posibilidad de mejora está dada porque la persona reconozca que padece y se apuesta a logros parciales en el desprendimiento de los objetos, contemplando recaídas.

* La licenciada Virginia Martínez es psicóloga especialista en pacientes graves, co-directora de La Casa, Hostal de Medio Camino.

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