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Conductas patológicas

Provoca severos daños psíquicos y físicos en sus víctimas. Cómo detectar las personalidades manipuladoras, su funcionamiento y sus tácticas. Prevención y protección.

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Por Belén Vitelleschi  | CLARIN

La acción de manipular consiste en “usar” a los demás para alcanzar los propios intereses. En nuestra sociedad, este recurso de persuasión se emplea en diferentes escenarios. Puede presentarse en relaciones de trabajo, pareja y familia, o a través de la publicidad y marketing, entre otros.

Lo cierto es que, en diferente medida, la mayoría de nosotros hemos empleado en algún momento alguna estrategia de manipulación; por ejemplo, en nuestra infancia, para conseguir algún juguete o golosina. El problema es cuando se vuelve el modo predominante de relación con otras personas y deja ser una estrategia pasajera.

Los manipuladores poseen la habilidad de descubrir cuál es el punto de vulnerabilidad y qué tipo de seducción es más efectiva para conseguir lo que quieren de su víctima. Generalmente, su objetivo no es sólo someter al otro, sino también la apropiación de su ser. Ubicar a la persona sometida en el lugar de objeto, desgastar sus propias ideas hasta convertirla en quienes ellos quieren que sea.

Las personas afectadas suelen sufrir psíquica y físicamente debido a que esta acción continuada en tiempo e intensidad atenta contra la capacidad del uso pleno del ejercicio racional, provocando severos daños en la autoestima y capacidad de decidir.

Detectar este tipo de personalidades manipuladoras, su funcionamiento y tácticas nos permitirá no caer en la trampa, prevenirnos e implementar recursos para afrontarlo.

Cómo identificarlos

El manipulador se oculta bajo varios disfraces, por lo cual no es fácilmente detectable en los inicios de una relación. Su inseguridad y carencia de habilidades sociales lo impulsa a que emplee técnicas para resolver sus problemas basadas en la agresividad activa o pasiva.

Hay distintos estilos que van desde un perfil más bajo a otro más exasperado. Pueden presentarse como personas seguras de sí, simpáticas, protectoras, cultas, seductoras; o autoritarias, controladoras, explosivas, críticas.

Por lo general, sus reacciones son impredecibles. Suelen ser demandantes, quieren todo en el instante y a su manera. No toleran otras opiniones o deseos aunque enuncien que sí. Para conseguir lo que quieren, suelen forzar “razonamientos lógicos, verdades universales o principios morales”.

Exigen a los demás la perfección o lo que ellos no pueden cambiar de sí mismos, ocultando sus propios errores y desaciertos.

Se desligan de sus responsabilidades y las delegan. Cuestionan a los demás cuando no obtienen los resultados que ellos quieren.

Se comunican indirectamente. Suelen utilizar el sarcasmo, burlas y críticas encubiertas o frente a otros, comentarios descalificantes,  indiferencia e intimidaciones.

Cuando se les solicita explicaciones se molestan, cambian de tema, invalidan la pregunta del otro, evaden, responden confusamente o cambian el foco de la conversación al punto que a ellos les convenga.

Señales de alarma

Las personas expuestas a este tipo de conductas comienzan a experimentar cambios en el carácter, humor o manera de reaccionar. Algunos indicadores que podemos tener en cuenta son:

– Sensación de vulnerabilidad y pérdida de seguridad en uno mismo.

– Disminución de la autoestima y dificultad para tomar decisiones sin descalificarlas o requerir de supervisión externa. Sentimientos de contradicción y confusión al no reconocer su voluntad en ciertos actos u opiniones que realiza u omite.

– Miedo a perder el control de uno mismo. Sensación de que todo lo que diga es desvirtuado o se le cambia el sentido a lo que se quería transmitir.

– Sensación de no poder satisfacer nunca las expectativas del otro, de estar siempre en falta aun cuando se lo intenta lograr con el mayor esfuerzo.

– Descreimiento de la propia capacidad de amar y establecer una relación recíproca.

– También puede traer aparejadas consecuencias físicas como insomnio o trastorno del sueño, taquicardia, mareos, sudoración, dolores de cabeza, náuseas y otros.

Por lo general, los allegados, amigos y familiares de las personas afectadas son quienes primeramente funcionan de alarma. Registran que la persona cambia rotundamente su carácter, que su estado de ánimo se vuelve más irascible y que comienzan a aislarse o abandonan actividades que antes realizaban. En muchas ocasiones, advierten que las personas afectadas suelen encubrir y excusar a los manipuladores.

Cómo actuar

Si consideramos que estamos bajo el influjo de una relación con estas características, es necesario tomar medidas para que este recurso no tenga efectos.

Realizar una autoevaluación de cómo se siente en el vínculo desde que se inició esa relación. Especialmente, detectar si presenta alteraciones o cambios anímicos y en la toma de decisiones.

No aislarse. Hablar con su entorno. Pedir opinión sobre la visión que otros tienen.

Evaluar si la relación responde a las expectativas de pareja que uno desea. Determinar la relación costo-beneficio y tomar una decisión acorde.

Pedir ayuda. La asistencia psicológica puede brindarle el espacio para orientarlo y promover recursos para afrontar la situación. Y en caso de gravedad, hacer una denuncia legal.

Una mente sana con buenos recursos de afrontamiento es la clave para no caer en estas trampas. La manipulación no funciona frente a personas con seguridad personal y buena estima. Para ello, es importante:

– Dedicarse al fortalecimiento del yo y proponerse el desarrollo de vínculos sanos.

– Conocer los propios puntos débiles y reforzarlos.

– Tener predisposición al cambio y proyectos de superación.

– Confiar en las propias decisiones. La decisión correcta es aquella que ha sido reflexionada y no perjudica a otras personas.

– Ser asertivos, aprender a decir lo que uno piensa, respetando la opinión del otro pero defendiendo nuestros derechos.

– Tomarse tiempo para reflexionar sobre las acciones propias y las de otros.

– Aprender a decir que NO, cuando no se puede o no se quiere, y respetar nuestros propios límites.

– Elegir un modelo de pareja sano y satisfactorio.

Tal vez muchas personas vivan una relación de manipulación. Darse cuenta es el primer paso para reestablecerse y lograr una mejor calidad de vida.

* La licenciada Belén Vitelleschi es psicóloga del área asistencial y académica de La Casa, Hostal de Medio Camino.

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